lunes, 25 de febrero de 2013

¿Quién es El Adulto Mayor?

 


Sentada en la Plaza de Armas de Lima por Domingo Leiva.
Interesante pregunta si se la ve desde una perspectiva más profunda. Para ello, me gustaría hacer mención de forma breve pero clara de aquella ciencia que nos facilitaría la respuesta. Esta es la Ciencia del Desarrollo, disciplina que basa su trabajo en estudiar la forma en que somos los mismos -continuidades- o seguimos reflejando nuestro pasado y los cambios sistemáticos que experimentamos desde que el espermatozoide del padre penetra en el óvulo de la madre dando origen a un nuevo organismo -concepción- hasta la muerte (Shaffer y Kipp, 2007).
Las ciencias del desarrollo se abocan al estudio de fenómenos que implican las continuidades y los cambios que experimentamos del "seno materno hasta la tumba". Estas ciencias son: la biología, antropología, sociología, educación, medicina, etc., siendo la más grande de ellas la Psicología del Desarrollo. Es así que podemos afirmar que la ciencia del desarrollo es multidisciplinaria y los estudiosos del desarrollo son todos aquellos que, sin importar su disciplina, tratan de entender el proceso evolutivo.
 
Habiendo aclarado estos puntos sumamente importantes (recurriré y me basaré en conocimientos de este campo a lo largo de mis publicaciones) regresamos a la pregunta inicial - ¿Quién es un adulto mayor? - La Psicología del Desarrollo cataloga a todos los individuos superiores a 65 años como adultos mayores, siendo ésta, desde luego, una aproximación arbitraria pero dada en consenso. Desde una perspectiva más humanista, Séneca (1990) también la define como: " La edad avanzada está llena de satisfacciones (...) la verdadera vejez no se relaciona con los años y sí con la sabiduría".
 
Es cierto que los adultos mayores son individuos que poseen edades relativamente iguales entre ellos, pero más que eso, considero que son seres que merecen disfrutar una vida plena de momentos, experiencias y vivencias alegres, pues ellos también merecen sonreír.
 
Las pocas personas que me conocen podrían catalogarme como alguien muy observador, opino que están en lo cierto. Trato constantemente de comprender todo aquello que me rodea, ora personas, ora objetos. Es ese rasgo que me permite no sólo caminar por las calles del centro de Lima, sino observar a esos "abuelitos" con dificultades para levantar objetos, con la cabeza agachada, algunos dormidos esperando que alguien les compre una barra de caramelos o algún cigarrillo de marca. Me es imposible no percibir su lentitud al caminar o su concentración al dar migajas de pan a las palomas que posan a sus pies provenientes de los techos más altos de las iglesias circundantes.
 
Pero el Perú no es Lima, y como ellos, existen 2 millones 700 mil adultos mayores en el país lo que representa el 9% de la población total (INEI, 2012). Uno de ese total se ubica a 3.827 metros sobre el nivel del mar, en Puno. Cerca de la frontera con Bolivia, al costado de la barra oxidada de color amarillenta con toques de negro que los divide, encontramos a Don Alberto, un hombre peruano, a veces boliviano. Tratando de vender unos panes de maíz y de yema que sólo su esposa logra elaborar - deliciosos por cierto- empero el frío es fuertísimo, y lo veo cubierto con un chullo, chalina y una melena chompa gastada que, personalmente, no me lograría proteger contra el clima.
 
Estas pocas observaciones son las que hacen que me pregunte… ¿Quiénes velan por ellos?